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«Un manotazo duro, un golpe helado,

un hachazo invisible y homicida,

un empujón brutal te ha derribado.»

Siempre tardo en reaccionar ante la pérdida de personas, como Álvaro de Luna, acreedoras de cariño, respeto, admiración y agradecimiento; tardo mucho en digerir esos duros tragos.

La muerte de Álvaro de Luna, nuestro “Rabaliano 2015”, nos deja a todos un poco huérfanos. O un mucho. Pese a ser conocedores de su enfermedad, lo vimos tan jovial cuando vino a recoger su merecidísimo galardón, que nunca se nos ocurrió pensar en este desenlace.

Además de Carmen, su esposa, y sus dos hijas, que son las que han recibido el peor golpe, todos hemos perdido algo. Mucho. El cine, la televisión y el teatro, y la profesión en general pierden a un gran actor; y disciplinado como pocos, según los directores con los que ha trabajado.

Quienes han compartido reparto con él, o, aunque no, hayan tenido la suerte de conocerlo de cerca, van a echar de menos a un compañero siempre dispuesto para lo que de él pudieran requerir.

No sé si sus amigos se han repuesto ya de ese golpe helado, de ese hachazo y ese empujón brutal, y han podido evaluar, valorar y percatarse de lo que han perdido.

Y nosotros… Cuando desde Milana Bonita contactamos con él para pedirle que nos ayudara a seguir homenajeando a Paco Rabal aceptando nuestro galardón rabaliano, el rudo y tierno Algarrobo no lo dudó; recibió, entusiasmado nuestra propuesta y ofrecimiento. Sin dilación alguna y con una predisposición envidiable: “¿Cómo, ningún actor o actriz pudiéramos no aceptar un premio con el nombre de Paco Rabal?” Y durante los días que estuvo entre nosotros, el contagio de su alacridad y entusiasmo fueron una constante. Su bonhomía se reafirmó fuera de toda duda. Y la irradiaba recordando su trabajo con Paco Rabal en “El gran secreto” (Pedro Mario Herrero, 1980), “Gallego”, coproducción hispano-cubana dirigida por Manuel Octavio Gómez en 1987; y “Lázaro de Tormes”, que dirigieron F. Fernán Gómez y J.L. García Sánchez, en el año 2000.

Álvaro y Carmen se enamoraron de Águilas, del pueblo de Paco Rabal, y de la labor de Milana Bonita por mantener vivo el recuerdo de nuestro actor; y de su compañero y amigo. Se fueron dispuestos a volver en cuanto los requiriéramos de nuevo para lo que fuera menester y las circunstancias se mostraran favorables. No le ha dado tiempo. Y con toda la rabia que imaginarse pueda, hacemos nuestros los versos de Miguel Hernández.

Pero como dicen que nadie muere mientras se le recuerde, para Milana Bonita, y entre mucha gente, Álvaro va a seguir viviendo. Y cada vez que veamos y expongamos nuestra “orla rabaliana”, pensaremos y nos haremos la ilusión de que Álvaro de Luna sigue entre quienes le queremos y recordamos. Como lo están los otros rabalianos –Juan Luis Galiardo, Sancho Gracia y Terele Pávez– que se le adelantaron hacia ese escenario en el que ya estaba Paco Rabal. Menudo reparto.

Hasta siempre, Álvaro. Nunca te irás.

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